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La sostenibilidad del papel

21/08/2019

CATEGORíA: Sostenibilidad y medioambiente MARCA: Aspapel

Fabricar el papel que un español consume al año (148 kilos) emite menos CO2 que un viaje en coche Madrid-Barcelona-Madrid.


Así lo recoge un informe presentado por ASPAPEL, la Asociación Española de Fabricantes de Pasta, Papel y Cartón.

 

 

Con materias primas de procedencia local (el 96% de la madera y el 73% del papel para reciclar), la bioindustria papelera española es doblemente circular (renovabilidad + reciclabilidad) y apuesta por la certificación forestal y la calidad en el reciclaje. Produce la energía que utiliza en eficientes plantas de cogeneración (1.086 megavatios de potencia instalada) y tiene como objetivo reducir las emisiones de CO2 en un 80% para 2050 con respecto a 2015. Fabricar el papel que un español consume al año (148 kilos) emite menos CO2 que un viaje en coche Madrid-Barcelona-Madrid, según datos de la Actualización de la Memoria de Sostenibilidad del Papel que presentó ASPAPEL.

 

En la bioindustria del papel se produce una doble circularidad: la circularidad natural de la madera (que se regenera y se vuelve a plantar) y la circularidad social e industrial del reciclaje (con el protagonismo de los ciudadanos que, tras el uso de los productos, colaboran con las administraciones y la industria en su recuperación y reciclaje)”, explicó Jordi Mercader, presidente de ASPAPEL, que presentó la Memoria junto con la vicepresidenta Elisabet Alier y el director general Carlos Reinoso.

 

La industria papelera española realiza un ciclo virtuoso de aprovechamiento sostenible de la materia prima. El 70% de la materia prima empleada por la industria papelera española es fibra reciclada y el 30% fibra virgen de madera mayoritariamente certificada.

 

La doble circularidad de la industria del papel: circularidad natural

El ciclo empieza en las plantaciones locales de eucalipto y pino. Para la producción de 1,7 millones de toneladas de celulosa, se utilizaron el pasado año 5,8 millones de m3 de madera.

 La madera que se utiliza para la fabricación de celulosa procede en un 96% de plantaciones locales de pinos y eucaliptos, que son motor de desarrollo rural. El consumo de madera nacional creció el 3,3% en 2018. Estas plantaciones de madera para el sector papelero generan más de 5.500 empleos directos y casi 18.000 empleos indirectos. Y son además grandes sumideros de CO2 que almacenan más de 48 millones de toneladas de CO2 equivalente.

La totalidad del abastecimiento de madera del sector está controlado y procede de aprovechamientos legales en España (en un 96%) y en otros países europeos (el restante 4%). El uso de madera certificada ha experimentado un gran crecimiento en los últimos años y actualmente asciende al 59%. El 92% de los proveedores de madera y el 100% de las fábricas y proveedores de celulosa están certificados.

 

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Por lo que se refiere a los productos fabricados, ha habido en los últimos años un gran crecimiento de la certificación forestal:  el 68% de la celulosa de mercado y el 63% del papel en el mercado están certificados (frente a un 11% y un 6,5% en 2010).

 

La doble circularidad de la industria del papel: circularidad social e industrial

Las fábricas papeleras españolas reciclaron 4.893.600 toneladas de papel usado en 2018. En la UE, somos el tercer país más reciclador en volumen de papel reciclado, superados solo por Alemania y Francia. Y hay que destacar que el 73% del papel que recicló en 2018 la industria papelera española era de procedencia local, tres puntos porcentuales más que el año anterior, según datos de ASPAPEL.

 

La industria papelera española, gracias a esta gran capacidad recicladora, garantiza el reciclaje en España de todo el papel y cartón recogido selectivamente, que cumpla con los estándares europeos de calidad, es decir, con la norma europea UNE-EN 643.

 

Los dos últimos ejercicios se han visto marcados por los importantes cambios en el mercado internacional del papel para reciclar, debido a la nueva política de residuos que está implementando el gigante chino. China ha iniciado un plan de mejora de sus sistemas de recogida municipal y ha incrementado las exigencias de calidad en sus importaciones de papel para reciclar. Esta doble estrategia está desincentivando los sistemas de recogida que generan un material de peor calidad.

 

La calidad del material recogido se convierte de este modo en la clave y el nuevo reto de la recogida y reciclaje de papel y cartón. Tan importante como recoger la mayor cantidad posible de papel y cartón es hacerlo con los requisitos de calidad necesarios para su efectivo reciclaje.

 

Por lo que se refiere al comportamiento de la recogida selectiva municipal en grandes ciudades españolas de más cien mil habitantes, en 2018 el crecimiento es ya de dos dígitos, con un 10,6% más de papel y cartón recogido para reciclar. Se llega así al cuarto año de crecimiento consecutivo, tímidamente iniciado en 2015 y 2016 tras la crisis y acelerado en 2017 con un incremento del 5,6%.

 

El mayor crecimiento se produce en el grupo de las seis ciudades de más de medio millón de habitantes que crece el 30,1%. El segmento de ciudades de tamaño intermedio (entre 200.000 y 500.000 habitantes) incrementa la recogida el 10,3% y el grupo de ciudades de 100.000 a 200.000 habitantes se queda a las puertas de los dos dígitos con un 9,8% de crecimiento de la recogida selectiva municipal.

 

La recogida selectiva municipal en los contenedores azules, puerta a puerta comercial y puntos limpios, es una de las vías de recogida de papel en nuestro país, junto con la recogida que realizan operadores privados en grandes superficies de distribución, industrias imprentas… Por estas dos vías se ha recogido en total para su reciclaje 4,5 millones de toneladas de papel usado en 2018, que equivaldría a 45 grandes estadios de fútbol llenos hasta arriba de papel y cartón.

 

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Eficiencia en el uso de agua y la gestión de los residuos del proceso

Fabricar celulosa y papel con menos energía y menos agua es otro de los aspectos clave en la búsqueda de la eficiencia a lo largo de todo el proceso de fabricación.

 

El sector tiene una larga tradición de optimización del uso del agua. En las fábricas papeleras españolas, sólo se consume una pequeña parte del total de agua que se usa en la producción de pasta y papel, bien porque se evapora o porque se incorpora al producto final. El agua restante se devuelve convenientemente depurada, tras ser reutilizada internamente un cierto número de veces.

 

El uso total de agua en las fábricas españolas de celulosa y papel se sitúa actualmente en 109 millones de m3 anuales, lo que significa la mitad de agua que en 1990, mientras la producción se ha incrementado un 60% desde el inicio de la década de los noventa, lo que supone claramente haber desacoplado la producción del consumo de este recurso natural, según datos de ASPAPEL.

 

Y hay que tener en cuenta que en realidad de esos 109 millones de m3 de agua que se usan en la producción de pasta y papel sólo una pequeña parte se consume durante el proceso y el agua restante (91 millones de m3) se devuelve depurado al medio receptor. Actualmente en todos los parámetros que miden la calidad de los vertidos se han alcanzado los niveles de máxima exigencia que permiten las Mejores Técnicas Disponibles.

 

Hay que reseñar también que en 2007, hace más de una década, se eliminó totalmente en el uso de cloro molecular en la producción de celulosa. De modo que toda la celulosa que se fabrica en España es ECF (libre de cloro elemental) o TCF (totalmente libre de cloro).

 

Por otra parte, el sector de la celulosa y el papel tiene una larga trayectoria en la valorización de sus residuos de proceso y subproductos, completando el círculo de reciclado y recuperación de residuos, lo que resulta esencial para avanzar hacia una economía circular. Actualmente el 79,5% de los residuos del proceso de fabricación papelero se convierten de nuevo en recursos en el uso agrícola o como compost, reciclados como materia prima en otras industrias o bien vía valorización energética en la propia fábrica o en otras industrias.

 

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Industria electrointensiva y gasintensiva, líder en descarbonización

Se trata de una industria electro-intensiva y gas-intensiva, que necesita electricidad para mover la maquinaria y vapor para secar la celulosa y el papel.

 

La industria española y europea de la celulosa y el papel lidera el proceso de descarbonización de la industria y se plantea en su Hoja de Ruta 2050 el objetivo de reducir las emisiones de CO2 en un 80% con respecto a 2015.

 

Actualmente, la fabricación de todo el papel que un español consume al año (148 kilos) produce menos emisiones de CO2 que un solo viaje en coche Madrid-Barcelona-Madrid.

 

El sector apuesta por la cogeneración como herramienta de eficiencia energética y ha implantado en los últimos años medidas para reducir el consumo eléctrico y el consumo de calor en el proceso.

 

Las fábricas del sector producen la mayor parte de la energía que utilizan en eficientes plantas de cogeneración situadas al lado de las fábricas con 1.086 megavatios de potencia instalada. Estas plantas producen a la vez electricidad y calor útil para el proceso papelero, con el consiguiente ahorro de combustibles y reducción de emisiones. La cogeneración es un sistema de generación distribuida de electricidad de alta eficiencia energética.

 

Además el 32% del combustible que empelamos hoy es biomasa o biogás, frente a un 23% hace una década. Y prácticamente el resto del combustible, un 66%,  es gas natural.

 

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